“CRONICRÍTICA” Y REFLEXIONES NOROESTE EG (II)

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Fotos: NOROESTE EG Facebook OFICIAL, SOLOFOLAR

Posiblemente esta 33 Edición del Noroeste EG haya sido, para un servidor, la edición más irregular o las más floja que recuerdo desde que el ayuntamiento de la marea, hace ahora cuatro años, decidiese apostar por algo tan inaudito como arriesgado hasta la fecha en esta ciudad; ampliar un festival que estaba condenado a un espacio muy determinado (la playa de Riazor) y a un formato hípermanido, y como mínimo, de dudosa calidad (¿Quién no se acuerda del bolazo del Consorcio y de Raphael en la playa en pleno Noroeste PopRock 2009?, por ejemplo).

Un festival que, salvo honrosas apariciones internacionales bastante venidas a menos, todo hay que decirlo, no pasaba del gris absoluto y tedioso. Una suerte de batidora sin sentido en la que te mezclaban a los Hombres G y M-Clan con Asian Dub Foundation y Modeselektor, y se quedaban tan anchos.

Así, como en las mejores familias, un día para uno y otro día para el otro. Y todos contentos, ¿no? –Pues no.

A esta nueva formación se les ocurrió la extravagante idea de extenderlo por los barrios más céntricos de la ciudad (quizás menospreciando a otros, lógicamente) llevando la música en directo a las plazas, calles y museos de dichos barrios.

Con una línea editorial bastante bien definida, el mapa sonoro de las plazas quedaba configurado por estilos musicales y por influencias de locales de ocio y colectivos, dejando para la fundación Luis Seoane la vanguardia y las músicas más avanzadas, y para la plaza de las Bárbaras y el castillo de San Antón los artistas más cotizados e intimistas (y un sistema de recogida de entradas que nunca convenció a nadie y que generó mucha polémica y que a su vez, fue magistralmente solucionado por el nuevo equipo del gobierno municipal).

Dicha revolucionaria idea, que se sustentaba en poder desplazarte de un escenario a otro en menos de 15 minutos, no fue muy bien acogida por todos, ya que estos «rojos» habían escogido para tal empresa plazas colindantes a determinados ministerios de la casa del señor, como la plaza de San Nicolás o la propia de las Bárbaras (como bien sabréis la mayoría de vosotros allí está ubicado un convento de monjas de clausura, sí; pero el suelo, lo que viene siendo la plaza, es pública, ojo).
Pues bien, el experimento no solo ha salido de maravilla (con sus cosillas chungas también) durante estos cuatro años sino que ha sido un éxito total en cuanto a asistencia de público, y además, hemos sido la envidia de todas aquellas bandas que se han pasado por la ciudad y que han reiterado tanto pública, como personalmente o en petit comité, las ganas de ver más festivales gratuitos y diversos como el nuestro por toda la geografía patria.

Este era el último que organizaría la marea, ya que se palpaba en el ambiente un cambio en la dirección del ayuntamiento como quedó demostrado en los comicios del pasado mes de mayo. 
A los que nos gusta la música, ya sea en directo o no, o por lo menos, a los que nos encanta la música no encorsetada (esa de estribillos simplones y rimas edulcoradas), esa música que no está vacía de mensaje y de actitud; nos temimos lo peor. Con la salida de los padres del nuevo formato y el festival a medio confirmar «vaticinábamos un futuro catastrófico»


Y es ahí, en este punto medio entre las salida de unos y la entrada de otros, cuando me llevo una enorme decepción, justamente con la publicación de ese “medio confirmar” que ya estaba cerrado por los anteriores inquilinos de María Pita.

Posiblemente el peor avance de cartel de la historia de este nuevo formato festivalero, con una mayoritaria presencia de bandas locales como marca de la casa y unas decepcionantes confirmaciones a nivel nacional e internacional carentes  del punch necesario para desear que llegase cuanto antes la fecha del festival. 

Pero no nos íbamos a amargar, todavía había que cerrar el cartel y albergábamos alguna esperanza de mejora.

Deberíamos aguardar entonces para ver qué pasaba con ese cierre de cartel y si podría sorprendernos, pero no. Craso error. No solo no colmaba nuestras ansias de bandazas sino que además dejaba en el aire a la formación que debería de actuar junto con Belako en la playa el sábado con el rol de cabeza de cartel. ¿Y cuál sería? Pues The Sounds, ¡Cágate lorito¡.

No quiero ni saber lo que se han gastado en traer a una banda que en el 2005 “intentaban ser guays y no llegaban ni a chachi” ¿me entiendes? Menudo gol les ha metido la promotora “de siempre” con la contratación de una banda “one hit wonder” o “two hit wonder” como esa. No doy crédito

Aun así, a pesar de la bajada de calidad de este año, de no tener una planificación personal tan detallada como en años anteriores debido a ese decepcionante avance del cartel y a ese desastroso cierre del mismo, a pesar de la maldita lluvia que casi nos estropea el festival, pero esta vez, por suerte, sí fue gestionado de manera excepcional. A pesar del cansancio acumulado día tras día y de las resacas infinitas, está edición ha dejado, aun así ,para un servidor, grandes conciertos.

Aun así, a pesar de la bajada de calidad de este año, de no tener una planificación personal tan detallada como en años anteriores debido a ese decepcionante avance del cartel y a ese desastroso cierre del mismo, a pesar de la maldita lluvia que casi nos estropea el festival pero que fue esta vez sí fue gestionado de manera excepcional. A pesar del cansancio acumulado día tras día y de las resacas infinitas, está edición ha dejado, aun así, para un servidor, grandes conciertos.

Como el de Baiuca y sus electro-cantigas (el cual desbordó las previsiones más optimistas referentes a la asistencia de público y que llenaron una fundación Luis Seoane de gente y paraguas). Esa mezcla de garaje y ritmos latinos que arrollaron no campo da leña que son Los Vinagres, aunque por su empeño de sonar tan potentes casi se cargan el concierto. El majestuoso directo que nos ofrecieron los Músculo! (estos chicos se merecen mucho más, fantásticos en directo). La soberbia actuación de Bart Davenport (qué lástima que no echasen el resto para traerlo con su banda, The Bedazzled) en el mercado de la cosecha. Y la kinkidelia de unos sevillanos que ya son los nuevos jefes de la fiesta padre y que suenan como si un heavy de 120 kilos se hubiese bebido un gazpacho de ocho litros repleto de Smash y Triana y lo eructase en tu puta cara: los Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. Arte, mucho arte el de los sevillanos.

También nos ha brindado increíbles descubrimientos como el de Elba (¡la cara que se me quedó cuando soltó su primera ¿¡aria!?). El sonido pluscuamperfecto y sesentero de The Wellgreen en las matinales del bulevar del papagayo (hay que ver lo bien que se puede llegar a sonar sin mesa de sonido), o una de las más gratas sorpresas del festival: Mastodonte. No daba un duro por verlos en directo y me dejaron boquiabierto, sobre todo por esas tablas que tiene Asier Etxeandia sobre el escenario (se nota su bagaje de musical) , que cual Miguel Bosé ataviado de samurái deleitó a toda la parroquia que se acercó hasta la Plaza de la Constitución. Poseedor una voz que rozaba el hardcore por momentos y sin apenas inmutarse y sin desafinar una sola nota nos dejó ojipláticos. Posiblemente no los vuelva a escuchar jamás; pero ¡qué directo coño! Bravísimos.

Pero si hubo una artista que sobrepasó todas mis expectativas y me enamoró, esa fue sin lugar a dudas, Holly Miranda. Ofreció uno de esos conciertos para enmarcar, de los que dejan huella y una vez finalizado el concierto sigues hablando de él. Personalmente esperaba que se personase en el escenario arropada por una banda, por eso me decidí a verla a ella y no a Emma Pollock, pero la de Detroit apareció sola, acompañada de un teclado y de una guitarra. Y sonó Everlasting incluida en su disco homónimo publicado en el 2015.

Atrapados nos tenía y nos tuvo durante todo el concierto (con esa impresionante voz tan personal) en el cual pudimos deleitarnos tanto de sus temas propios como de unas deliciosas deconstrucciones de temas de Portishead (Give Me A Reason To Love You), Ben E. King (Stand By Me), Gloria Gaynor (I Will Survive), Jeff Bucley (Lover You Should’ve Come Over), Leonard Cohen (I’m Your Man) y de Nina Simone (Don’t Let Me Be Misunderstood).

Fantástico concierto el de Holly Miranda.

Y por supuesto, también hubo lugar para enormes decepciones, como las de casi todos los años; los grupos que tocaron en la playa.

No tiene ningún sentido traer a viejas glorias, bandas que fueron grandes y que posiblemente no hayas visto en tu vida en directo, pero que llevan fuera de juego otros tantos años, a un “recinto” como el de Riazor, para que no se escuche una puta mierda. Fue un concierto tan insulso como carente de gancho e insuficiencia sonora.

Sigo sin entender esa obsesión por traer a dinosaurios de la música por el simple hecho de ser quienes fueron, porque son “baratos” y garantizan el lleno pero que más allá de dos o tres canciones no te aportan nada. Si el objetivo de traer a estos dinosaurios es simplemente el de llenar la playa de 30.000 personas para hablar de éxito organizativo y anteponemos la calidad y la actualidad a las cifras de asistencia, es que no hace falta gastar tanto dinero. Traéis a la gloria gaynor y a tomar por culo.

¿Sabéis cuántas bandas actuales internacionales se pueden traer por menos de 150.000 euros? Buff…

Pero si el concierto de Patti Smith fue decepcionante (Al Festival Paredes de Coura llevó a una banda de verdad), lo que vendría a continuación eso sí que ya son palabras mayores y no tiene perdón. Que alguien me explique por favor de quién fue la brillante idea de meter a Nathy Peluso como cabeza de cartel cuando el año pasado iba a tocar en una plaza como la de las Bárbaras. Un auténtico desastre. Tres canciones que aguanté, y demasiadas me parecieron. Eso sí, se escuchaba bien alto.

El sábado a Belako y a The Sounds ya no quise ni acercarme, y eso que soy fan devoto de los vizcaínos. Demasiado cansado y pocas ganas de ver a los suecos de marras esos.

Hubo algunos conciertos que también me gustaron como Los Voluble, Anni B. Sweet acompañada de miembros de Rufus T. Firefly (en el cual el sonido falló durante casi todo el concierto y en el cual Ana, me dio la sensación de que no llegó a sentirse cómoda del todo, salvo en alguna canción) presentaba su nuevo disco “Universo por Estrenar”. Una lástima ya que me apetecía una barbaridad ese concierto.

También vi algunos conciertos horribles de bandas nacionales, de las que prefiero ni mencionar sus nombres.

Al no interesarme demasiado el cartel este año, cometí el error de perderme casi todas las matinales, por lo que no puedo aportar casi nada sobre ellas.

En fin.

Acabo de enterarme de que el nuevo gobierno no va a tomar la errónea decisión de suspender o modificar sustancialmente el formato de un festival que ya es patrimonio de todas y todos los coruñeses. Yo me temía otra vuelta a la filosofía de taburetes y consorcios, la verdad.

Un festival que se ha consolidado como uno de los mejores festivales nacionales de música por muchísimas razones, entre ellas: la accesibilidad, la gratuidad del mismo, la calidad de las bandas que participan (a pesar de este año), los espacios públicos utilizados y la capacidad de convocatoria para la gente de fuera de la ciudad, por ejemplo.

Posiblemente el formato pueda mejorarse (y se debe intentar) y matizar algunos aspectos que traten de satisfacer a más público (se están ninguneando desde hace años a otros estilos con un público capaz de llenar recintos). Se puede intentar llegar a más barrios y a otros recintos (Parque de Santa Margarita) y se puede intentar que repercuta económicamente en las arcas del ayuntamiento, no solo en las de los locales colindantes o sitos en los aledaños de dichas plazas (que chapó por ellos, oye), sino en las municipales también (hay que poner barras en algunos sitios) y así paliar los gastos derivados de contrataciones tan absurdas como innecesarias y desproporcionadamente caras a las que nos estamos acostumbrando, sobre todo en la playa (como ya han confirmado que van a seguir por esa línea) y que benefician a unos pocos (promotoras), y no a los que acuden a ver las actuaciones.

¡Basta ya de rollazos absolutos como los Pretenders, Mando Diao, Káiser Chiefs y de Patti Smith o Madness!

¡Será por promotoras coño!

Tenéis una nueva posibilidad de mejorar el legado que os han dejado. ¡No lo desaprovechéis!

PD: Y a ver si os curráis un poco más el método de contratación de las bandas. Lo digo porque con ir a las salas coruñesas o cercanas en dónde tocan durante el mismo año del festival o en los meses anteriores y tal, y contratarlas, lo hace cualquiera. Denota falta de interés, ganas y nulo o poco conocimiento del panorama musical actual. Y sobre todo es una putada para los que pagamos entre quince y vente euros por verlas para que nos las traigáis gratis a los pocos meses. Véase los casos The Last International, Belako, Los Vinagres, Jenny and the Mexicats o Soleá Morente.

Si necesitáis ayuda o asesoramiento, aquí nos ofrecemos (con un par). Podéis contactar con nosotros vía redes sociales.

¡Larga vida al Noroeste!


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