EELS@8/9/2019 SANTIAGO DC

COMPARTE

Del maravilloso concierto que ofreció el señor Mark Oliver Everett acompañado de su banda (nuevo baterista incluído) en el Auditorio de Galicia de Santiago de Compostela el pasado domingo, 8 de Septiembre, he sacado varias cosas en limpio que me gustaría compartir con vosotros.

La primera es que hay que mirar bien, por lo menos unas horas antes de ir, el recinto dónde se llevará a cabo el concierto de esa entrada que compraste meses atrás. Parece una tontería, pero creedme, no viene mal.

La segunda sería que la próxima vez que os enteréis que EELS vienen a tocar cerca (o no tanto) de dónde vivís, comprad la entrada. Parece una tontería, pero creedme también; vais a flipar.

Una vez compartido estos dos puntos que pueden parecer una auténtica chorrada con todos vosotros, os voy a comentar lo que sucedió allí; en el auditorio, y aquí; en mi cabeza, para que nos presentásemos en otro recinto a “escasos” veinte minutos de empezar el concierto.

Pues pasa lo que suele pasar cuando eres tonto y el que te acompaña repitió un curso más que tú; que sale mal. Después de dar varias vueltas para aparcar (unas cuantas) y dejar por fin estacionado el coche en un parking, nos dirigimos al Auditorio Abanca (situado en el antiguo Pazo de Ramirás) en lugar del Auditorio de Galicia, el cual para nuestra sorpresa estaba situado a unos veinte minutos andando del otro. Así que salimos a toda leche hacia allí.

Con poco más tiempo libre que el de mirar la infinita cola de gente que había en la cafetería del auditorio e ir al baño, decidimos entrar para escuchar a las hermanas Saavedra, las Siatelitas Chaos Chaos (anteriormente conocidas como Smoosh).

Sintiéndolo mucho y a pesar de que me estaba gustando el synthpop y el aire melancólico de sus canciones, las abandonamos hacia la cuarta canción para poder tomar una triste caña antes de que empezase el concierto de Eels. Es lo que tiene llegar tarde a los sitios.

Cuando retomábamos nuestras posiciones en la fila veintiuno y comentábamos la jugada de una posible firma del libro “cosas que los nietos deberían saber” la sintonía de Rocky se apoderaba del auditorio mientras que un señor bajito, con sombrero y aspecto de guiri se dirigía pasillo abajo a toda pastilla, hacia el escenario, a la vez que aporreaba lo que parecía una bocina. Todo un W.T.F. Llega a gritar “Al·lahu-àkbar “ y me cago vivo.

-¡Coño!, si es el Everett.

-Pues yo pensé que era un puto borracho.

Llevan toda la gira clavando el mismo set allá donde tocan, con muy pocos cambios, y lo empiezan con tres versiones de clásicos como son Out in the Street (The Who), Mississippi Delta (Bobbie Gentry) y Raspberry Beret (Prince). No se complican mucho la vida.

Sería con Bone Dry cuando empezaría el cachondeo padre con Mark O. Everett convertido en una suerte de alegría de la huerta; comunicativo y simpático, y cuando por fin nos pusieron en pie para poder disfrutar de lo que era un concierto de rock (¡Que manía con programar conciertos de rock en sitios para estar sentados!).

La verdad es que no me esperaba un show en el que Mark se mostrase tan campechano y dicharachero. Me imaginaba más bien a un señor taciturno y parco en palabras.

Flysswater, Dog Faced Boy dieron paso al SoftRoCk, con el cual volvimos a sentarnos en nuestras butacas, a petición de Mark, pero no sería por mucho más tiempo ya que tras I Need Some Sleep (o Some Siesta), Dirty Girl y la preciosa That Look You Give That Guy, se acabaría la tregua de culos en sus asientos y de softrock para dar paso a la gran traca final.

Sonaron Prizefighter, She Said Yeah (otro cover de The Rolling Stones), Novocaine For The Soul (me llamó la atención que no la celebrase la gente más. Vale que era distinta a la original, pero poca gente la vitoreó o reconoció a la primera), Souljacker Part I, Freesh Feeling, Mr. E’s Beautiful Blues y la brutalidad de Fresh Blood para lo que suponía o suponíamos que sería el cierre, pero no.

Los muy cabrones volvieron a salir para rematar con más versiones, esta vez de Brian Wilson (Love and Mercy) y cerrar con los Beatles (The End).

Y así, entre chistes, bailes y pases de modelos de los miembros de la banda con alfombra roja incluida (menudo momentazo el que nos regalaron cuando la colocaron y le pasaron la aspiradora), tras veintiocho canciones y varias horas de universo Everett, llegó a su fin el magnánimo concierto de EELS.

No se lo pierdan la próxima vez.


COMPARTE

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *