GANGES/ALLOVA@LECLUB (A CORUÑA)

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El pasado sábado 27 de Abril, asistí a uno de los conciertos más agridulces de los últimos tiempos en esta maldita ciudad, y constató lo que ya sabíamos de antemano: esta ciudad languidece progresivamente hacia la nada más absoluta, hacia la indiferencia musical y/o cultural, o mejor dicho, hacia el “si no es conocida la banda, no va ni dios”.

La cita fue en la sala LeClub, que como ya había mencionado en otras ocasiones, no es la que mejor sonido ofrece de toda la oferta coruñesa.

Fui un poco a ciegas, ya que no tenía ni idea (o casi) de las dos formaciones que allí iban a actuar, aunque una jugase en casa y conociese su nombre. Un poco por curiosidad y otro tanto debido a que lo que sonaba en otras salas de la ciudad ya lo había degustado en ocasiones anteriores, así que, después de haber convencido a unas cuantas personas, decidimos y a ver a Ganges y a Allova.

Tras algunas paradiñas técnicas en el camino (para dar de beber a las bestias) como mandan los cánones y discutir sobre quién iba a morir el lunes en GOT, llegamos a la puerta de LeClub, la cual estaba muy vacía, totalmente vacía; mal presagio y desoladora imagen.

El interior de la sala no mejoraba el espectáculo de la entrada: dos chicas sentadas en el filo del escenario parecían exclamar “¡al fin!”, mientras que el técnico de sonido, que parecía salir de su letargo, se posicionaba tras la mesa y otras dos personas (que supongo acompañaban a las artistas), cogían posiciones.

Pillamos unas cervezas y una chica rubia subió al escenario: «Hola, me llamo Teresa«

Teresa Gutiérrez es Ganges, y Ganges es ella, aunque alguna vez en el tiempo fueron un trío, no hace mucho, pero que hoy en día ya no. Y allí se presentó en solitario, acompañada de su teclado, algún que otro juguete electrónico y de un ordenador portátil.

No sabría decir con que canción empezó (no me conocía ni un tema), es lo de menos, pero sí sé una cosa; me gustó y mucho, desde la primera nota de teclado.

Lo que voy a narraros a continuación es fruto de la escucha del disco (el cual le compré al finalizar el bolo) ya que a pesar del esfuerzo de Teresa, del sonido de la sala y del ambiente o ausencia del mismo, se hizo muy complicado meterse de lleno en las dos propuestas de la noche.

Ganges juega en la liga de la sutileza, de la emoción contenida, en esa liga en la que juegan artistas de la talla de James Blake, The XX, London Grammar, Beach House o Aluna George entre otros y en la que quizás mucha gente al escucharla por primera vez eche de menos ritmos más explosivos y roturas de tiempos y estribillos juguetones que te hagan danzar y sacudirte. Craso error. No es su propuesta, ni falta que le hace.

Lleva por estandarte la bandera de la introspección, de la espiritualidad y de lo orgánico que plasma a través de su omnipresente teclado. Su música requiere toda tu atención, no ha venido a hacerte bailar (aunque estás invitado si te place); una vez que lo consigue, es difícil que no te atrape y te envuelva. Teresa posee una maravillosa voz, nítida y cálida, que se amolda a la perfección a las bases electrónicas minimalistas y a ese ambiente dream popero y ambient que impregna a sus canciones, y que para un servidor, las cantadas en castellano superan con creces a las cantadas en inglés.

A mitad del concierto llegaron más espectadores, en concreto más amigos que habían acudido a la llamada de socorro, pero aun así, no superamos la quincena.

Una estupenda deconstrucción del clásico Ain’t no mountain high enough daría paso al tramo final del bolo, que si bien fue corto en tiempo, no lo fue en calidad.

Y sin más tiempo que el de fumar un pitillo y tomarse otra cerveza, se subió al escenario Allova.

Pues bien, a la propuesta de Alla Mikhaylova le pasó tres cuartos de lo mismo que a Ganges: sala casi vacía y sonido que no hacia justicia. Ese compendio unido al alcohol y sumado a que ya no estábamos por la labor, hizo bastante mella en nuestra capacidad de atención.

Desplegó todo un repertorio de trip hop, por momentos cercano al jazz experimental, de ambientes densos y oscuros, en los que su voz, a ratos desgarradora, a ratos solemne, no fue suficiente para cautivarnos y meternos de lleno en una más que interesante propuesta que de por sí ya es complicada, pero que sobre todo, se vio supeditada por esos factores externos que fueron determinantes para estropear cualquier actuación que hubiese esa noche.

Una auténtica pena, ya que tanto Ganges como Allova se merecían unas condiciones más favorables, y estamos convencidos de que el resultado hubiese sido otro.


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