
Nueva crónica (y ya van unas cuantas!!!) de mano de nuestra admirada CAROLINA MARTÍNEZ aka Srta. MARTÍNEZ, viajera, apasionada e inquieta como ninguna, se fue hasta París (Sala Pleyel) para disfrutar (y autoregalarse por su cumpleaños) el concierto de uno de sus artistas favoritos: el islandés ÓLAFUR ARNALDS
Aquí os dejo lo vivido por Srta. Martínez el pasado 10 de Octubre en tierras parisinas, en la sala PLEYEL
MIL GRACIAS por la crónica!!!!
«Piensa en un momento que haya pasado demasiado rápido. Con esa premisa parte el espectáculo “Falling Apart Together” de Ólafur Arnalds. Al entrar en la Sala Pleyel, te encontrabas con una cabina en la que podías grabar un mensaje explicando tu momento fugaz. Uff agobio, ya me da que pensar y escudriñar… para una persona como yo lastrada y obsesionada con el paso del tiempo, hacer este ejercicio es complicado. Al final, todo pasa muy rápido y como diría Jonas Mekas, la felicidad de toda una vida se podría condensar en un metraje de 288 minutos.
Viajé a París para asistir a esta “experiencia comunitaria”, así la explica el propio autor cuya obra tiene mucha raíz en estos dos conceptos: tiempo y comunidad. De hecho, él mismo es creador y fundador de OPIA Community, sello discográfico, festival itinerante y plataforma de música moderna clásica y electrónica en la que a través de un canal de Discord, todo el mundo puede participar.
Sigo a este autor desde que hace ya más de una década, me traje de 12 Tónar un par de vinilos: Hjaltalín y Ólafur Arnalds. Ambos me introdujeron a un nuevo universo musical del que ya nunca salí. Desde entonces una de mis grandes ilusiones era poder verle en directo. Las escasas giras y fechas me lo pusieron muy complicado, pero esta fecha en París, un sábado cercano a mi cumpleaños, no podía ser otra cosa que la excusa perfecta para por fin; lograrlo.
Una Sala Pleyel llena (el día anterior también se agotaron las entradas y eso que fue una fecha extra que tuvieron que sacar), recibía a Rakel, miembro de OPIA y que hizo los honores de telonera. Ella sola con su guitarra metió al auditorio en un recogimiento que iba a ser ya la tónica de la noche.
Finalmente, después de ir a por nuestras copas de vino (sí, estamos en París), llegó el momento. Un escenario sencillo: un piano, unos paneles de tela blanca, una bombilla… y ahí sale él, con un traje negro, se descalza, agita la bombilla y comienza a tocar… WOW, pelos de punta. Dos violines, un violoncelo y él que in crecendo van moviendo los paneles de forma que los audiovisuales cobran vida, los músicos van apareciendo y desapareciendo hasta que la música ya inunda de tal forma el lugar que todo el mundo se levanta y comienza a bailar.

A partir de aquí el show va bajando de ritmo hasta acabar de nuevo con Ólafur, el piano y la bombilla penduleando encima de él. Para llegar a este punto que se encuentra con el inicio formando un círculo perfecto, aún tendremos que pasar por una versión de A Dawning con un coro parisino con el que solo pudieron ensayar un día seguido de las proyecciones de unos cuantos vídeos de aquellos que se han atrevido a explicar ese momento que pasó demasiado rápido. Esta mitad es claramente el reflejo mejor de esa comunidad que Ólafur Arnalds quiere construir entorno a la música y convertir de alguna manera un auditorio atestado en un salón comedor lleno de gente celebrando la música.
Después de más de dos horas, nos fuimos satisfechas y a mí solo me quedó recorrer París para dejar una magdalena en la tumba de Proust y preguntarme qué había sido de mi tiempo perdido»
